miércoles, 1 de febrero de 2012


 

 ESOS LOCOS BAJITOS...



El periodo más importante del desarrollo psicosocial humano es la infancia y la adolescencia.

Las experiencias tempranas son determinantes para el desarrollo motor, intelectual y socio-emocional, y el primer grupo social de referencia es casi siempre la familia,
entendida en su sentido más amplio: seres humanos con los que se mantiene una relación de convivencia basada en lazos afectivos, sean o no sus padres biológicos.


Normalmente los adultos de referencia más importantes son los padres o los cuidadores.

Por este motivo es decisiva la capacidad de la familia para facilitar el desarrollo físico y psicosocial adecuado de los niños y niñas y aunque no hay fórmulas o soluciones únicas, se han detectado varios factores que conviene tener en cuenta para la consecución de un desarrollo psicosocial adecuado.

El tipo de apego desarrollado en la infancia depende del estilo de relación que establecen los padres y madres con sus hijos e hijas, es común que el vinculo mas fuerte que una criatura establezca sea con su madre, el apego proviene de la confianza que sienten por sus mayores y la seguridad que esta confianza les da, y con esa confianza y seguridad las que les permiten abrirse a las demás personas.

El padre o la madre de estilo democrático expresa abiertamente su afecto, muestra su interés por el niño o niña y establece normas claras, adaptadas a la edad y comprensión de sus hijos, a quienes explica las consecuencias del incumplimiento y propone otras formas de actuar.

El estilo permisivo se caracteriza también por la comunicación y el afecto, pero existe poca o nula consistencia en el establecimiento de las normas y en cualquier caso, apenas existe supervisión en su cumplimiento.

Los padres autoritarios expresan poco su afecto y se interesan menos en conocer las necesidades del niño a través del diálogo; establecen normas claras y controlan el cumplimiento de las mismas de forma rígida.

Los padres de estilo negligente tampoco demuestran su afecto y preocupación por los intereses del niño o niña pero, además, establecen normas poco claras, que varían en el tiempo, en ocasiones no existen y otras veces, son excesivas y se hacen cumplir sin ninguna flexibilidad.

Evidentemente, los estilos educativos de los progenitores no son el único factor que determina la personalidad de los niños y niñas, el factor genético tiene un peso muy importante y que hay otras influencias relevantes simultáneas y posteriores a las ejercidas por la familia: la influencia de la escuela, de la televisión y de otras relaciones estables, son ejemplos significativos que quedaran improntados en el cerebro de nuestros infantes, que son los adultos del futuro.
En nuestras manos esta el poder aprender estos conceptos y ponerlos en practica.



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