lunes, 16 de enero de 2012

Teoria del apego


 



Enamorada de la teoria del apego, una de las bases para comenzar a construir adultos sanos.





 Los humanos pertenecen a un grupo diferenciado en la naturaleza, en relación con otras especies animales, al nacer tienen una  total falta de autonomía incluso respecto a actividades básicas para la supervivencia como, por ejemplo, la locomoción necesaria para huir de un peligro inminente, alimentarse o beber agua. 
El desarrollo de dichas capacidades es especialmente lento lo que supone que, durante un periodo de tiempo considerable la supervivencia del ser humano está supeditada al apoyo de otros miembros de la especie y a su capacidad para cuidar a los más pequeños y transmitirles sus conocimientos para que se desarrollen tanto en el crecimiento físico como emocional necesarios para el desarrollo de una vida adaptada al medio natural y social que les rodea.

El ser humano nace, por tanto, biológicamente predispuesto a relacionarse con los
demás. Esta predisposición se manifiesta en conductas dirigidas al otro tales como
llamadas, llantos, sonrisas, vocalizaciones, gestos, contacto físico, seguimiento visual y auditivo o conductas motoras de aproximación y seguimiento.
Los seres humanos están predispuestos de forma innata a buscar vínculos afectivos, lo que se manifiesta en tendencias conductuales y emocionales cuya función es mantenerse cerca de sus cuidadores.
Estos comportamientos vendrían a ser las conductas de apego tal y como se concibe en las teorías de el apego, y se puede definir como una “relación emocional íntima entre dos personas, caracterizada por afecto mutuo y un deseo de mantener la proximidad”.

Los vínculos de apego surgen a lo largo de toda la vida pero son especialmente importantes en la infancia temprana, momento en que se conforman creencias acerca de sí mismo, de los otros y de las relaciones sociales. Es más, las formas de apego que se desarrollan en la infancia tienden a mantenerse en etapas posteriores y a condicionar las relaciones íntimas que establece el individuo a lo largo de su vida.

El periodo más importante del desarrollo psicosocial humano es la infancia y la adolescencia.
Las experiencias tempranas son determinantes para el desarrollo motor, intelectual y socio-emocional, y el primer grupo social de referencia es, casi siempre, la familia, entendida en su sentido más amplio: seres humanos con los que se mantiene una relación de convivencia basada en lazos afectivos, sean o no sus padres biológicos
Normalmente, los adultos de referencia más importantes son los padres o los cuidadores. Por este motivo, es decisiva la capacidad de la familia para facilitar el desarrollo físico y psicosocial adecuado de los niños y niñas y, aunque no hay fórmulas o soluciones únicas, se han detectado varios factores que conviene tener en cuenta para la consecución de un desarrollo psicosocial adecuado.

El tipo de apego desarrollado en la infancia depende del estilo de relación que establecen los padres y madres con sus hijos e hijas, es común que el vinculo mas fuerte que una criatura establezca sea con su madre, el apego proviene de la confianza que sienten por sus mayores y la seguridad que esta confianza les da, y con esa confianza y seguridad las que les permiten abrirse a las demás personas, parece difícil tal vez ahora plantear este tipo de enseñanzas a los hijos pero es de vital importancia para que el día de mañana tengan al menos algunas herramientas para poder desenvolverse en el camino de la vida.

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